Palabras de nuestro Papa sobre algo tan importante y valioso como es la vida, y que hoy en día es tan devaluada y se llevan a cabo atrocidades sobre ella...
Queridos hermanos y hermanas:

Hoy se celebra en Italia la Jornada por la Vida, promovida por la Conferencia Episcopal sobre el tema «Amar y desear la vida». Saludo cordialmente a cuantos se han congregado en la plaza de San Pedro para testimoniar su compromiso a favor de la vida, desde la concepción hasta el ocaso natural. Me uno a los obispos italianos para renovar el llamamiento lanzado varias veces también por mis venerados predecesores a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que acojan el grande y misterioso don de la vida. La vida, que es obra de Dios, no debe negarse a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso nascituro, y mucho menos cuando presenta graves discapacidades. Al mismo tiempo, haciendo eco a los pastores de la Iglesia en Italia, invito a no caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta «legitimar su interrupción con la eutanasia, enmascarándola quizá con un velo de piedad humana».

En la diócesis de Roma comienza hoy la «Semana de la vida y de la familia», ocasión importante para rezar y reflexionar sobre la familia, que es «cuna» de la vida y de toda vocación. Sabemos bien que la familia, fundada en el matrimonio, constituye el ambiente natural para el nacimiento y para la educación de los hijos, y por tanto para asegurar el porvenir de toda la humanidad. Sin embargo, sabemos también que atraviesa una profunda crisis y que tiene que afrontar numerosos desafíos.


